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Por: Santiago Ardila Sierra

Cuando un profesor me preguntó si conocía la historia detrás de mochila arhuaca, no supe qué responder. Él, con ínfulas de quien sabe, contó a todo el salón que cada diseño es hecho por las mujeres del pueblo y que los trazos dibujados con lana más oscura cuentan una historia diferente; por eso cada mochila era única e irrepetible. Al no conocer el esfuerzo de dichas mujeres, continuó el profesor, mi mochila no tenía valor alguno, ni sentimental ni de ninguna naturaleza. Admito que salí preocupado del salón, si no ofendido por el menosprecio que hacían de mis cosas. Agarré la mochila, llena de cuadernos y chucherías, para irme a pensar sobre si era verdad que el morral no valía nada. Porque si era así, lo mejor era dejarlo guardado en algún cuarto de San Alejo y olvidarme de aquel impase que tuve con el profesor. A lo mejor podría irme hasta la Sierra Nevada de Santa Marta y encontrar una mujer que tejiera uno para mí y me explicara la historia que guardaban los dibujos.

Llegué a mi casa decidido, ese morral no era importante. Sí, con él había cargado objetos importantes, visitado varios lugares... había andado kilómetros con ese saco de lana al hombro. Pero lo hubiese podido hacer con alguna maleta corriente y nada cambiaría. Al momento quedé pensativo: ¿cuál era el origen de la mochila? Si bien nunca conocería a la autora de esa obra de arte que cuando se moja resalta su olor a chivo, sí existía un origen. Me refiero a que esa mochila sí valía, ¡y mucho! Meses antes yo tenía una vieja imitación de origen industrial que terminó por romperse; entonces, mi mamá me prometió una mochila original donde podría cargar todos mis chécheres y que duraría años sin cederse. Ese objeto contenía el esfuerzo de dos mujeres: una artista anónima; y otra, que se propuso darme un lindo regalo de navidad. Aliviado, fui a mi habitación y descargué toda la maleta, la dejé sobre una silla y fui a saludar a mi mamá.

En cuanto a lo que dijo el profesor, luego dio a entender que eran los pequeños objetos quienes creaban grandes historias.